martes, enero 27, 2004

Más de Giannuzzi

Lluvia nocturna detrás de la estación de servicio

Bajo la lluvia nocturna, una tumba caótica
de cosas abandonadas a sí mismas
que demora en cerrarse. Pero todavía el conjunto
puede volverse creador sobre su propio sueño.
En esta decantación del desorden
una fría suciedad pegajosa, un estado de frontera
de objetos a punto de perder su identidad.
En la inmóvil confusión gotea el agua
silenciosa. Envuelve llantas reventadas,
botellas astilladas, ruinas de plástico, recipientes chupados,
cajones despanzurrados, metales llevados
a un límite de torsión, quebraduras,
andrajos no identificados, asimetrías tornasoladas
por la grasa negra. He aquí una crisis de negación
en esta abandonada degradación intelectual
de criaturas seriadas, nacidas a partir
de la materia martirizada, la idea y el deleite
y que fueron manipuladas, raspadas, roídas, girando
sobre chapas rígidas y correas de transmisión
y en definitiva condenadas por lo monótono.
Pero en aquella derrota humana de las cosas,
en los desperdicios mojados podían descubrirse
figuras creadas a partir de la mezcla,
diseños irreales arrebatados a lo fortuito:
y entre gotas de lluvia y aceite quemado
una intención de belleza y de formas cumplidas
bajo la maloliente oscuridad.



Muchacha en una fotografía


Parece domingo en el jardín y en todo el mundo.
La escena ha demandado
mucho cielo para mi gusto, pero la causa
es tal vez una convicción secreta del fotógrafo.
En el fondo, una vibración moteada
de sol, con flores y hojas que se acumulan
hasta obtener una alegría
que no necesita explicación.
De modo que ella esta de pie,
sonriendo enteramente, con un resto
de viento en los cabellos.
Pero mira hacia adentro y se complace
en su anónima carne y supone que la imagen
retiene algo más que su parte mortal.
Si en eso se equivoca es asunto suyo
y nada puedo hacer al respecto. O quizás tenga razón
y de este lado
la superficie de la existencia
me despedaza y devora por dentro y por fuera.



Certezas matinales


Dominados cuando tu mano espiritual
se abandona a la realidad inexplicada
los pulidos objetos sobre la mesa
no plantean ningún enigma. Estar allí
es lo más feliz que puede sucederles.
Mi respiración
que había amanecido tan difícil
entra en la fresca pulsación de la mañana.
El mundo podría olvidar desde ahora
su jadeo nocturno, sus reiterados sueños negativos
si comenzara de nuevo
con la misma certeza de mi mano
alzando esta taza de café.




Llamado al hueso principal

Con dedos pensantes y a fondo
palpo el hueso de mi cara:
un hueso general en el que busco
una forma cumplida, una razón total
un principio de respuesta, algo que aclare esto
con la medida de su oscuridad.
El hueso calla, se ahonda y endurece.
Sólo habla mi cara, mi máscara histriónica,
esta carnadura vaciada del error,
esta superficie apaleada por la época,
su charla de idiota, su falsa dirección
sumando confusión al ruido de la realidad.



El suicida

El error estuvo donde yace el cuerpo,
ni culpa alguna
en la habitación paralizada, la lámpara rota,
el astillado orden de vivir, un caos
de sábanas apagadas y un resto
de desesperación en la ropa caída.
El mundo insistió en sus mecanismos de hierro
hasta cortar la lengua del que llamaba a nadie;
manos que rechacé apartando los ojos
inclinado hacia el plato de comida.
Porque yo también fui parte
de cada día que daba comienzo
como una maquinaria que le construía especialmente
la bala del último amanecer.

Joaquin Giannuzzi


No hay comentarios.: