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viernes, abril 03, 2009

Alfonsín

Para muchos hablar de Raúl Alfonsín después de que murió fue muy fácil. Para otros se tornó un tanto más difícil. Nosotros, en La Rockola, entramos en la segunda categoría. Primero porque lo respetábamos, y lo respetamos, y segundo porque no queremos faltarle el respeto-justamente- a sus familiares. Por eso solo unas pocas líneas, humildemente.

Alfonsín fue un tipo que se desvivió por la política y se dedicó toda su vida solamente a eso. Fue un político con todas las letras. Se jugó por la democracia, creyó en la democracia y murió convencido que democratizó bien al país. Todo lo hizo por la democracia. Por la democracia cualquier cosa. Para la democracia estuvo preso en los setenta, para la democracia juzgó a las juntas militares, para la democracia se contradijo con las leyes de obediencia debida y punto final, para la democracia firmó el pacto de Olivos. Cualquier cosa para la democracia. Todo lo hizo convencido. Murió entero. El tiempo, la historia, sabrán juzgarlo.
También hay que decir a viva voz que Raúl Alfonsín fue victima de la anomalía más grande y ridícula: el sindicalismo de derecha. Algo inédito, solo en Argentina hubo y hay sindicalistas de derecha. A Raúl le jugaron sucio.

Seguramente otros podrán hilar más fino sobre Raúl Alfonsín, otros podrán hablar mejor o peor, nosotros es todo lo que podemos decir.
Y claro, en La Rockola estamos tristes, suponemos que le debe pasar a cualquiera que tiene sentimientos cuando se va un buen tipo.

Chau bigote, hiciste todo lo que pudiste. Particularmente me quedo con las palabras de mi vieja: “yo estoy tranquila, jamás le hice un paro.”

miércoles, mayo 21, 2008

José Pablo Feinmann



No hay pelotudo que no tenga un blog

jueves, marzo 13, 2008

Los inmortales

En el relato de Borges Delia Elena San Marcos, el escritor hace referencia a una despedida trivial que se lleva a cabo entre él y Delia una tarde en el barrio del Once.
Desde entonces no se volvieron a ver y ella murió un año después. A partir de ese punto Borges plantea la idea de despedida como algo incierto, al despedirnos hoy no sabemos si será para siempre, o en su defecto, “hoy jugamos a separarnos pero nos veremos mañana”. ¿Qué queremos fingir al despedirnos? ¿En que nos perjudica o nos beneficia este acto apócrifo? “Los hombres inventaron el adiós porque se saben de algún modo inmortales”. Casi siempre que nos despedimos damos por sentado que nos volveremos a encontrar. Salvo en raras excepciones donde se suele decir por ejemplo: hasta mañana si Dios quiere. Uno no es conciente que es mortal, inconcientemente nos creemos inmortales, más allá de ese abandono de la inocencia que es darnos cuenta de repente que algún día nos vamos a morir, jamás tenemos en cuenta que mañana o la semana próxima podemos dejar de estar. Algo así nos debe pasar cuando muere alguien que aparentemente es inmortal, al morir Adolfo Castelo coexistió una sensación de perdida general indescriptible . Por lo menos a mi me pasó. Lo mismo cuando murió el negro Fontanarrosa. Y ahora Jorge Guinzburg. La televisión, la radio, los diarios, Internet; todos lo están despidiendo. Había en él-a pesar que se sabía que estaba enfermo- un aura de inmortalidad la cual hizo a su muerte aún más dolorosa. Los tipos como Ginzburg no se pueden morir, cualquiera que me cruce en un rato si, Delia Elena San Marcos también. Se sabe que la muerte es inentendible, lo mismo la vida. Entre ambas está la despedida, algo más incomprensible aún. Hasta el próximo post, si Dios quiere. A propósito, me da mucha pena que se haya muerto Jorge Ginzburg.